Turismo en Córdoba

El viajero aparca en la ribera izquierda del Guadalquivir y sube a la terraza de la torre de la Calahorra para contemplar la ciudad mesurada, sabia y prudente.

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Córdoba es una gran señora, que tiene un arcángel por patrón. A Córdoba, como a Constantinopla y a Jerusalén, se le pide permiso antes de entrar, destocado y humilde. Otras grandes ciudades fingen ser más de lo que son y no pueden evitar una última impresión de vanidad y aire hueco. Córdoba es justo lo contrario: está en su sitio, callada, amable y distante. Aquí nacieron Seneca, Maimonides y Góngora.
La ciudad de Córdoba es reflexiva, pero también es alegre con mesura, bella sin exceso y, desde luego, mas romana que mora, más de mármol liso que de recargado azulejo, más sencillo tiesto con geranios sobre la simple pared encalada que de reja con volutas, virgen con farolillos y macetero con jazmines.

Puente romano de la ciudad de Córdoba

Puente romano de la ciudad de Córdoba

La Torre de la Calahorra

Antes la torre de la Calahorra estaba desnuda, en su piedra. Ahora hay que pagar para visitarla y, con la general decadencia de los tiempos, han instalado en ella un pretencioso museo de las tres culturas, quizá el único gesto excesivo y grandilocuente de la ciudad.

torre de la calahorra

Esto de las tres culturas da que pensar al viajero sobre los dislates de los políticos y la idealización del pasado para disimular carencias o errores del presente. Se ha puesto de moda desde la parida de la alianza de civilizaciones decir que en la piel de buey de la península convivieron en pacifica armonía cristianos, moros y judíos, cuando la verdad es que eso nunca ocurrió.
La Calahorra protegía el puente sobre el Guadalquivir. Como la ciudad misma, este puente tiene a Roma en los cimientos, al islam en los arcos y los estribos, a Castilla conquistadora en el pavimento. El viajero, lo cruza a pie, con parada breve en el centro, donde está san Rafael barroco, con el pedestal cuajado de cera derretida y candelitas ardiendo, para otear, aguas abajo, los molinos y la noria de la Albolafia. Aquí el Guadalquivir, rio sabio, atempera su paso y va meciendo cañas y ovas que le reverdecen barbas de algún gran patriarca.

Calleja del Pañuelo

Calleja del PañueloAl lado de la mezquita de Córdoba, está el Patio de los Naranjos, lugar apacible en el que, desparramado a la sombra fresca de los muros, descansa y abreva el dócil rebaño turístico. En el patio hay naranjos y palmeras, dos cipreses y un viejísimo olivo junto a la fuente barroca del Caño del Olivo, donde las solteronas desahuciadas beben para encontrar novio.

El viajero contempla el exterior de la mezquita por fuera y reza el Ave María a la Virgen de las Flores, bella y sensual a lo divino, aunque un punto agitanada, que recibe el homenaje de transeúntes en el altarcillo de tupida reja. Luego, entrando por la calle Velázquez Bosco, va a la calleja de las Flores, que huelen a cordobán y a jazmín, y por la calle Martínez Rucker, a la plazuela de la Concha.

Mitra y el Museo Arqueológico

El turista, callejeando, dio nuevamente con la catedral. De allí, tomando la calle Encarnación, encamino sus pasos hasta el antiguo palacio de los Páez de Castillejo, sede actual del Museo Arqueológico, y visito una vez más su instructiva colección de restos romanos y árabes, sus brocales de pozo mudéjares y su escultura de mármol de Mitra, proveniente de la localidad de Cabra.

El culto de Mitra compitió con el cristianismo durante siglos, por el título de región oficial del Imperio Romano. Como es notorio, venció el cristianismo y se apropió de los despojos del vencido: el banquete ritual de la eucaristía, la fiesta del domingo, la Navidad el 25 de diciembre y hasta la mitra, el báculo y el anillo de los obispos.

Mueseo arqueológico de Córdoba.

Mueseo arqueológico de Córdoba.

Medina Azahara, la ciudad rescatada

A cinco kilómetros de Córdoba están las ruinas de Medina Azahara, la ciudad palaciega comenzada en 936 por Abderramán III con intención de superar las ciudades palatinas de los grandes soberanos de Oriente. Durante casi medio siglo un ejército de obreros especializados trabajo en este palacio acumulando riqueza y arte dentro de su doble perímetro de murallas. La magnitud de esta obra se manifiesta en la lista de los materiales empleados, de los que solo mencionaremos las 4000 columnas, muchas de mármoles de colores que debías importarse de Francia, de Constantinopla, de Túnez y de distintos lugares de África.

13000 funcionarios y 4000 esclavos y pajes de librea habitaban esta ciudad palatina. Solamente los peces de los estanques consumían diariamente 12000 hogazas de pan y seis cargas de legumbres negras. La sala del trono, calculada para reflejar la magnificencia del califa y asombrar a los embajadores de las potencias extranjeras, era una maravilla que parecía sacada de “Las mil y una noches”.

Medina Azahara

Medina Azahara

En 1010, pocos años después del fin de las obras, los bereberes irrumpieron en Medina Azahara y la destruyeron e incendiaron, sin respeto alguno por el patrimonio. Desde entonces fue, como Itálica, campos de soledad, mustio collado, un despoblado adonde los constructores de la ciudad acudían a proveerse de mármoles, fustes de columnas y fuentes.

Sería imperdonable que el visitante y turista abandonara Córdoba sin dar un paseo melancólico y arqueológico por las ruinas de Medina Azahara.

La Romería de los Gitanos

El tercer domingo de junio la romería de la Virgen de la Sierra, en Cabra, convoca a unos 10000 gitanos y no gitanos en el santuario del monte Picacho a 1238 metros de altura. Hermosa ascensión, entre olivares, curvas y más curvas, que saco Almodóvar en una de sus películas.

La Romería de los GitanosEsta romería está vinculada a los Córdoba, una de las familias más emblemáticas de Cabra, y reúne no solo a los descendientes del patriarca gitano José Córdoba, sino a numerosos gitanos, llegados de Francia, Italia, Holanda, Republica Checa, incluso de Estados Unidos. El carácter gitano de la romería de Cabra, acentuado a partir de la década de los setenta, ha ido creciendo en importancia y va camino de convertirse en una romería étnica tan significativa como la de los gitanos de la Camargo francesa en Santa María del Mar. Si allí la Virgen recibe el nombre de la Salra, en Cabra la Virgen recibe el nombre de Majarí, en el que algunos antropólogos quieren ver resonancias hindúes, de las mismas raíces de la etnia y culturas gitanas.

El ritual de la romería gitana es singular: los hombres bailan ante la imagen, jaleados por las mujeres y, en el paroxismo de la devoción, se desgarran las camisas impolutas hasta hacerlas jirones.

Montoro, Arte y Naturaleza

ciudad-montoroAbrazada por un meandro del Guadalquivir, la bella localidad de Montoro, limítrofe con la provincia de Jaén, cuenta con un interesante patrimonio natural, cultural y monumental. El viajero callejeó sin rumbo por sus calles de casas encaladas y se recreó en la arquitectura popular simple y armoniosa, con el contrapunto de algún antiguo torreón que surge de pronto para recordarnos el legado histórico del pueblo y algún mirador desde el que atalayar el extenso paisaje de olivar.

En el casco histórico de Montoro descartan la plaza de España y el antiguo palacio ducal de la Casa de Alba, convertido en Casa Consistorial. Otro monumento digno de admiración es el puente de las Doncellas sobre el rio Guadalquivir. Notables son las iglesias de San Bartolomé, Santa María de la Mota y la del Carmen.

En la carretera de Montoro a Adamuz se encuentra el molino de la Colorá, obra del siglo XVIII, transformado para turismo rural. En las inmediaciones de Montoro podemos visitar el Parque Natural Cardeña-Montoro, con típica vegetación y fauna mediterránea: el lobo y el lince, el águila imperial y la nutria. La zona más abrupta y de más bellos parajes se encuentra en los alrededores del rio Víboras. Dentro del Parque se halla la pequeña aldea Venta del Charco, donde se puede degustar la rica gastronomía de Montoro y Cardeña.


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