Historia

El barrio de Triana y sus iglesias

Hacia el Palacio de San Telmo y por el pueste basculante del mismo nombre nos introducimos en el famoso barrio de Triana de Sevilla. A la salida del puente se edifican grandes bloques de viviendas modernas, conociéndose esta zona por Los Remedios, de un antiguo convento ya desaparecido. Sigamos por la calle del Betis que forma la orilla derecha del río, con vistas muy pintorescas de Sevilla, en la otra banda. Por la plaza del Altozano se sigue a la vía central trianero, la calle de San Jacinto.

Calle San Jacinto

Pasemos, de un lado, San Jorge y Castilla, del otro. Asomémonos a los tejares y alfarerías, atisbemos al gitano que mueve los muelles de su fragua en la calle de la Cava, y el corral de vecinos con patio emparrado y chiquillos murilleros. Son memorables la Parroquia de Santa Ana, templo románico ojival, fundación de don Alfonso el Sabio, que guarsa el delicadísimo lienzo de “La Virgen de la Rosa”, del primitivo Alejo Fernández, y la talla de “La Virgen de la Victoria”.

Parroquia de Santa Ana

El convento dominico de San Jacinto, en la calle de su nombre, en sede de las cofradías de la Esperanza y de la Estrella, son bellísimas imágenes de Nuestra Señora, la segunda atribuída al Montañés. Al final de la calle de Castilla, en su capilla de El Patrocinio, recibe culto el Cristo de la Expiración, el “Cachurro” insigne, canon de la muerte en cruz. Su autor es Francisco Antonio Gijón.

Capilla del Patrocinio

Ya en las afueras, hacia el Norte, aguas arriba y a la orilla misma del río, subsisten los restos de la Cartuja de las Cuevas, al interior de la hoy manufactura de loza tan conocida en el mercado. Poderoso cenobio medieval, en las ruinas de la Cartuja pueden apreciarse elementos mudéjares y ojivales del siglo XV. Colón tuvo aquí su enterramiento antes de que sus restos fueran trasladados al Nuevo Mundo, desde donde retornaron a la Catedral de Sevilla a fines del siglo XIX.

Santa Maria de las Cuevas Monastery (La Cartuja)

Un bosque de cidros, limoneros y mirlos rodeaba antaño el convento, bajo cuyos muros corre el Guadalquivir. Una deliciosa galería abierta permitía contemplar las aguas. Andrea Navagíero reputaba la Cartuja como de la mayor y más cumplida belleza que podía gozarse en parte alguna.
Terminando este itinerario, por el altozano antes citado volveremos a Sevilla remontando el Puente de ISabel II; construído en tiempo de ésta soberana en sustitución del antiguo de barcas y dibujo, parecido al de las Artes de París. Sobre el Puente de Isabel II, el Puente, por antonomasia, pesa todo un mundo de folklore; tipos, anécdotas, decires, coplas e historietas.

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